Para muchos, el hogar es el semillero de proyectos y formaciones para el futuro. Allí absorbemos cosas que son disparadores para todas las facetas de nuestra vida: la construcción de la personalidad, el acercamiento al deporte, la música, los oficios. Aquellas cosas que mamamos desde chicxs y que nos impulsan a buscar el camino de nuestra vida. 

En Córdoba, específicamente en La Falda, hay un hogar semillero que está viviendo velozmente el desafío y la adrenalina de cumplir un sueño: es Brisa Cabrera, que con tan sólo 12 años, es una gran promesa en el mundo del golf. Con algunos años de práctica, adquirió una técnica muy natural que la llevó a descubrir su amor por el deporte y trabaja día a día en alcanzar su objetivo: ser la mejor. Pero más allá de eso, lo que más la motiva a seguir practicando este deporte, es un sentimiento tan tierno como noble: “Lo que más me gusta de jugar al golf es que es un deporte que no tiene violencia. Y además, me hace sentir libre”, cuenta Brisa.

Brisa Cabrera la promesa del golf

Todo comenzó cuando Brisa, a los 5 años, le pidió a su papá que le enseñara a jugar golf. Darío, su padre, es caddy en el Club Golf La Cumbre, y emprendió una estrategia para empezar sus primeras prácticas: de incógnito, se metían en el campo para poder jugar y cuando se acercaba gente, se escondían entre los pinos para que no los vean. Luego, seguían practicando. Así, logró transmitirle todo su conocimiento y sabiduría, con constancia y paciencia. Para poder practicar, Darío cortó un palo viejo que tenía con una amoladora y con cinta de embalar de por medio, logró tener la herramienta clave para que Brisa pueda dar sus primeros pasos. “Cuando la vi pegar por primera vez, sentí que ese era su lugar en el mundo”, dice Darío.

 

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Esa anécdota tan pícara como humilde, vale oro y fue el semillero que la llevó a ganar una beca en la Escuela de Golf de Hernán Rey, en Orlando, Miami, a triunfar recientemente en el Torneo de Pueblo Nativo de Golf y a consagrarse campeona en el Torneo de Menores Nacional en su categoría. 

Pero más allá de su reciente pero exitosa carrera, sigue manteniendo de manera firme su vida normal. Mientras Brisa entrena activamente, Motorola la acompaña en su carrera tanto deportiva como educativa. Es que las líneas del sponsoreo indican que el apoyo en el golf se cumplirá siempre y cuando ella tenga continuidad en el colegio y cumpla el ciclo educativo. A ella le encanta estudiar, pasar tiempo con amigas. De hecho, las empezó a contagiar con su pasión: “A veces le pregunto a mi papá si puede venir una amiga a mis entrenamientos. Siempre que vienen a casa quieren jugar conmigo y aprender golf”, cuenta Brisa. 

En relación a la tecnología, ella dice que se lleva muy bien pero le encantaría aprender más. De hecho, dijo que le encantaría tener una computadora para facilitar algunos trabajos. En la pandemia, no disponer de una significó una complicación para estar al día con las clases. Su disciplina es indiscutible en el deporte como en el estudio, de hecho, admitió que además de ser profesional de golf, sueña con ser contadora. 

Mientras tanto, su familia es el principal apoyo para lograr todo esto y más. Claudia, su madre, tiene un lavadero de ropa en su propia casa y muchas veces es la responsable de confeccionar sus trajes: “Es muy flaquita y muy pequeña, así que no podíamos conseguir su talle. Me tuve que dar maña para poder arreglar y confeccionar su ropa. Así son sus uniformes”, dice Claudia. Por su parte, su padre continúa siendo caddy en el mismo Club donde hoy Brisa es becada. 

El esfuerzo que hacen día a día es notorio: mantienen una rutina estructurada para que Brisa por la mañana pueda ir al colegio y a la salida llevar adelante un entrenamiento de dos o tres horas. Al término realiza la tarea y luego a dormir temprano para arrancar un nuevo día con la mejor sonrisa.  

Admiten que el camino no fue fácil, sobre todo en el comienzo: “No teníamos plata para mantener una cuota en el club, por eso nos metíamos a escondidas”, dice Darío. Al principio, no tuvieron apoyo para poder conseguir becas que le permitan ser socia del Club, pese a haber tocado varias puertas. Pero todo esfuerzo valió la pena, no sólo por el talento, sino también por el empeño: “Brisa es nuestro mayor orgullo, más allá del golf, es una persona increíble, tiene un corazón inmenso. Nada lo deja al azar”, dice Darío. A su vez, quien también es una persona fundamental en su vida es Mariano Badías, mentor y casi padrino deportivo que acompañó y ayudó a Brisa a tener más herramientas para crecer.

Lo cierto, es que día a día apuestan por trabajar en el presente para encarar el futuro. Para el 2023 tienen muchos planes y expectativas: proyectan recaudar fondos para poder ir a Estados Unidos y empezar la Academia de Hernán Rey y así reforzar mucho más sus entrenamientos. Mientras tanto, están súper agradecidos por lo que les trajo el 2022 y lo celebran con un abanico de éxitos que les infla el pecho.