En tierras orientales, los manga cafés se erigen como un tipo de cafeterías en las que los visitantes pueden leer manga, usar la conexión a Internet e, incluso, comerse un curry y pasar la noche entera. Son, de alguna manera, una mezcla entre un cibercafé y un hostel cuyo diferencial radica en estar custodiados por una infinidad de ediciones de mangas. 

Sin embargo, aquí en Argentina, se alejan un poco de su concepción original y acaban de desembarcar como una opción que acerca a la lectura y ofrece una experiencia culinaria entre nipona y criolla. Lectura especializada, pastelería japonesa y público otaku. ¿Cómo son los manga cafés argentinos y cuáles se convirtieron en un fenómeno popular?

Ao Kuma Café (Fray Justo Sta. María de Oro 2280, Palermo)

Ao Kuma Café no es, formalmente, un manga café. ¿Sorprendidos? No, Ao Kuma, uno de los sitios más llamativos de Palermo, ese que tiene toda la pinta de manga café, es una cafetería y librería. Tiene mangas, tiene café, pero no es un manga café. ¿Por qué? Porque, aquí, sus visitantes llegan para probar las delicias de la pastelería japonesa, a vincularse con la cultura nipona desde la curiosidad y, si pinta, a comprar algún manga.

“No somos una biblioteca, somos una librería”, refuerza Eiko Servodio Sakakibara, chef y una de las responsables del proyecto. El objetivo de Ao Kuma, según Eiko, es “transmitir la cultura”. Descendiente de japoneses, con una niñez en tierras venezolanas y un largo tiempo en Argentina, Eiko siempre tuvo un vínculo intrínseco con el manga y el animé. De hecho, fue su tío Toshio Hasegawa, un hombre que hoy ronda los 80 años, quien le inculcó el amor por el manga. “Desde que tengo uso de razón que el manga está en mi vida. Mi tío leía y sigue leyendo”.

Por caso, Ao Kuma Café, el proyecto que tiene junto a Javier Heredia y Graciela Escobar, entroniza toda su devoción hacia esa cultura que le permitió estrechar lazos, hacer amigos, formar nuevas familias. Y en carta, exquisiteces que van desde el matcha late (cada vez más tendencia) hasta el midori cha (una deliciosa limonada con té de jazmín, pepino y menta, ideal para el verano), pasando por los tamago sando (unos sándwiches de huevo y aderezos), el cheesecake japonés (de lo mejor que hay) y el melon pan (no, no tiene melón y es uno de los clásicos de la pastelería japonesa). 

 

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Terminaciones delicadas, finos detalles, sabores que transportan: “La gente viene a compartir un buen momento”, continúa Eiko, que usualmente atiende en la barra o despacha bandejas de acá para allá mientras habla amablemente con los clientes. “Buscamos cosas distintas para que la gente encuentre sabores particulares”. 

Y en su cabeza, Ao Kuma existe desde el año 2005, época en la que trabajaba haciendo traducciones en IVREA, uno de los sellos de manga más importante de América Latina. De hecho, IVREA domina la oferta de publicaciones de Ao Kuma: están sus novedades y, también, tienen un largo stock de material más viejo.

Entre su público, jóvenes que suelen venir a merendar con amigos. También, muchos que llegan solos y se pierden en la lectura o babeándose por los tomos en japonés de Slam Dunk, la figura del Eva-01 de Neon Génesis Evangelion o la pelota de Captain Tsubasa original de Adidas. Sin embargo, durante los fines de semana es más habitual que se acerquen grupos familiares. Y que, entusiasmados, le pregunten a Eiko desde qué manga leer hasta qué tiene el genmatcha pound cake. Y ella responde “depende, ahora estoy contenta que vuelve Bleach” y “budín de matcha con bañado de chocolate blanco y crocante de arroz tostado”.

Así las cosas, desde 2019 que Eiko, sus socios y todo su equipo (por lo demás, muy atento y servicial para explicar todos los detalles del menú) llevan adelante Ao Kuma Café, esta cafetería y librería llena de mangas y pastelería sofisticada, con toques intensos y terminaciones kawaii (supieron tener un mochi con formita de tiburón como para ponerlo de exhibición en una vitrina). En tanto, abren de jueves a domingo “porque en la semana producimos todo nosotros, acá en la cocina”. Su amor por la pastelería y el manga brilla en sus ojos rasgados.

Hero Anime Café (Ángel Justiniano Carranza 1670, Palermo)

La vereda de Hero Anime Café explota de pibes con la mirada clavada en diversos mangas: Bt’X, Akira, Inuyasha. Algunos toman café, otros apuran una medialuna. Otros conversan y tiran “refes” de distintos animes o reconocen alguna canción de la playlist llena de openings y endings. Hoy por hoy, Hero Anime Café, emplazado en el barrio de Palermo en un enclave de cafeterías y restaurantes coreanos, se erige como el único manga café a la calle de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.  

Por caso, sus dueños, Gonzalo y Lautaro, dos treintañeros que forjaron su amistad a puro anime y gracias a sus respectivas parejas, volcaron toda su manija en una cafetería de especialidad que, además de una carta criolla, ofrece la posibilidad de elegir una buena pila de mangas para leer. Marchás un cafecito, elegís un título entre los más de 1.000 y la jornada es toda tuya.

La sintonía de Gonzalo y Lautaro fue tan instantánea que, el día que se conocieron, se giraron la contraseña de la plataforma Crunchyroll: indefectiblemente estaban en la misma frecuencia. Así fue cómo, con la idea de mezclar su pasión por el café con su fanatismo otaku, diseñaron Hero Anime Café. Y, meses después, el proyecto ya estaba montado y funcionando.

“Quisimos armar un lugar en el que a nosotros también nos guste estar”, dice Lautaro, mientras se acomoda el gorrito de Majin Boo y prueba un avocado toast. Y en dos bibliotecas, la presencia de material de sellos prestigiosos como Ivrea, Ovni Press, Panini, Norma y más. 

También, por ahí, figuras de Dragon Ball, tazas de Pokémon y una ilustración monumental de la artista Flor Corte que ocupa toda la pared del salón. Allí, la presencia de héroes (sí, sólo hay “héroes”, por algo el local se llama Hero Anime Café) de Dragon Ball, Full Metal Alchemist, Hunter x Hunter, Attack on Titan, One Punch-Man, Saint Seiya, Demon Slayer, Naruto, JoJo’s Bizarre Adventure, entre otros.

A la sazón, Hero Anime Café inauguró el sábado 4 de junio de 2022 y, desde que abrieron la puerta hasta este mismísimo instante, siempre tuvieron público esperando por su momento. “Se corrió la bola”, cuenta Lautaro visiblemente feliz. “Todo es muy compartible en redes. Cuando nos mencionan, regrameamos todo: es el nuevo boca a boca”, suma Gonzalo. 

¿El primer hit? La compartida en redes de la foodie Entre Tostadas, una cuenta que recomienda desayunos, meriendas y brunchs. Eso hizo que la expectativa aumentara aún más: la propuesta caló rápido en el interés de los referentes de las redes sociales.

“La interacción con la gente es lo que más disfrutamos”, sigue Lautaro. Y entre su público, también, se encuentran familias, curiosos, parejas y los más heterogéneos grupos de amigos. “Lo que más nos piden para leer es Spy Family y Demon Slayer, mucho más que Naruto”, sorprende Cristian, el experto recomendador de Hero Anime Café. “También piden romance, seinen, shonen y de deportes”, continúa Cristian. 

Mientras tanto, los jóvenes emprendedores ya sueñan con expandirse, sumar nuevos mangas y robustecer las vitrinas con aún más figuras. Se enorgullecen de su red velvet (“La mejor”, se ensancha Gonzalo) y de su “Tostado Hero” (lomito horneado a las finas hierbas y queso danbo en pan de focaccia). Y, asimismo, con apenas unos meses sobre sus espaldas, ya están moviendo sus fichas para armar una página web bien completa que venda merchandising del lugar y cositas “del palo”. “Somos dos amigos a los que les gusta mucho el anime. Queremos que la gente venga, lea unos mangas, tome un café y la pase bárbaro”, cierra Lautaro. 

 

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Momo Manga (Uruguay 263 1er piso, Centro)

Silencio, calma, quietud: en Momo Manga forjaron tozudamente un clima. “Nunca vimos nada parecido”, asegura Fanny Chen, una de las responsables de este manga café á-la-criolla emplazado en un edificio de oficinas comerciales a pasitos de la famosa Av. Corrientes. 

Por caso, este emprendimiento familiar nació bajo un umbral de incertidumbres: “No sabíamos bien cuál iba a ser nuestro público”, desgrana Fanny, quien se encarga de coordinar las reservas y también se desempeña como ilustradora freelance.

Un espacio luminoso, unos 1000 títulos en español (de Ivrea, Norma, Planeta y Ovni Press), una carta de meriendas y un store con productos exclusivos de más de 50 artistas independientes. ¿La modalidad de visita? Con reserva, cuesta $200 pesos la hora y eso da derecho a la lectura del material. Así las cosas, Momo Manga tiene un concepto cercano a una biblioteca especializada: uno paga por su tiempo de lectura. Y en su carta, el taiyaki en su versión salada o dulce, medialunas, cupcakes, cafés y un matcha latte con espresso y una bocha de helado de cream americana.

“Es una biblioteca, no una confitería”, refuerza Fanny. Entre el público suelen haber jóvenes y adultos de entre 20 y 35 años. También, aunque en menor medida, se ven adolescentes. Y los fines de semana, Momo Manga literalmente explota de gente. Por eso se recomienda reservar un lugar con un buen tiempo de antelación (pongámosle, un mes antes).

Caen grupos de amigas, ninguna es muy bulliciosa. Sobre el costado, otra chica lee atentamente un manga toda despatarrada mientras bebe sorbitos de té. “No sabíamos cómo nos iba a recibir el público porque no había nada parecido”, cuenta Fanny. En las paredes, ilustraciones y pósters de Akira, Card Captor Sakura, One Piece, Naruto, Love Hina y más. Y para recibir a sus visitantes, unas mesitas petisas, unos puff, unos mangas ordenaditos y una actitud entre desestructurada y protocolar.

“Muchos clientes regulares vienen una vez por mes”. Momo Manga es una de esas experiencias “distintas”, con su propia lógica y con sus propios ritos. “La parte de la intimidad era importante para nosotros”, devela Fanny mientras hace números con una calculadora de Ben 10

Entretanto, su público lee shōnen, seinen, yaoi y los autores más demandados son Junji Ito e Inio Asano. “La gente empieza a leer un tomo y lo quiere terminar acá”, señala la administradora. Y en el futuro, planean alquilar otra oficina en el mismo edificio, ampliar el espacio de recepción y, asimismo, mudar el showroom a un sitio con más dimensiones. “Las personas vienen a buscar un ratito para distenderse”.

Hernán Panessi: periodista especializado en cultura joven y editor de El Planteo. Escribe en Página/12, El Planeta Urbano, InfoTechnology, THC, Rolling Stone, entre otros. Publicó 4 libros, colabora en hellomoto.com.ar y su twitter es @hernanpanessi.