Templado oceánico, arena rubia, labios salados. Balneario veraniego, clima subtropical, noches frescas. Olas rudas, skate joven, gravedad cero. Detrás de los kilómetros de playa, un monstruo de un millón de habitantes (y casi 3 millones en temporada alta). 

Dentro de sus arterias, el pulso de un enclave nerd, pop y original que late indistintamente los 365 días del año. Una ciudad forjada en la Belle Époque que, vamos a ser honestos, bien podría plantársele a Niza, Costa Azul y Barcelona.

Brilla en verano, se luce en invierno: Mar del Plata es una de las ciudades indestructibles de Argentina y su propuesta –gastronómica, nocturna, arquitectónica, fichinera, chispeante y sexy- no para de ganar musculatura. Sin embargo, su inmenso tamaño provoca ruido y, por lógica, encontrar las coordenadas precisas del goce ocioso requiere de una pericia especial y de unas mañas afinadas. 

Por eso, para sacar a lustre los hitos y mitos de la ciudad, desde Hellomoto armamos una guía de supervivencia marplatense con lo mejor y más selecto de La Feliz. Acá hay videojuegos, bowlings y noche. Hay under, mainstream y rarezas. Hay cómics, libros, rayos y centellas.

Fichines como los de antes

La épica nostálgica de la Costa Atlántica está ungida en el recuerdo de las viejas salas recreativas, llenas de ruido, neón, sudor y manijeo. A pesar del avance de la tecnología y del cambio de época, felizmente aún persisten algunos lugares que conservan su estampa mítica.

“¿Hasta qué hora están abiertos?”, pregunta el cronista sorprendido por la mezcla de bulla y excitación mantenida a esa hora de la medianoche. “Hasta las 3 de la mañana”, responde el empleado, convocando a una figura vacacional: todo termina tarde.

El local se llama Jony (esquina de Belgrano y Entre Ríos), es hermano de un gemelo caído en desgracia de la calle Moreno y es uno de esos sitios detenidos en el tiempo. Un latido de otra época. Una cápsula al pasado. Una genialidad a la que uno no puede más que desearle la vida eterna.

Mar del Plata ondera: contraseñas para encender lo más nerd, pop y original de tu visita a la ciudad Feliz

Entre algunos fichines detonados, otros en reparación y otros operativos, se yerguen dos flippers de Hook, un Party Zone, un Terminator, un Lethal Weapon 3, un Fish Tales, un The Getaway y un Black Rose, entre otros. Una finísima selección que se completa con arcades de Ms. Pac-Man, Daytona USA, Final Fight (con la dirección descontrolada), Robocop 2 y un gabinete de Killer Instinct (que en la Costa supo costar dos fichas el turno) habitado circunstancialmente por un 1945 Plus

En tanto, el segundo piso del lugar, una zona “adulta” con cinco pools, una cascada mágica y algún gestito más picantón, está ocupado por un tendal de gabinetes y arcades en reparación. Un depósito de felicidad presto para revivir y seguir dándole cauce a la diversión. Por su naturaleza, Jony es una de las mejores y más auténticas salas recreativas de Mar del Plata. Incluso, en su pico de bondades, las fichas cuestan $25 pesos cada una. Un viaje en el Delorean cuesta menos que un alfajor de chocolate glaseado.

Juegos retro pero en familia

Asimismo, hay otras dos salas recreativas interesantes sobre la Avenida Colón (el #1 en Colón y Arenales; el #2 en Sarmiento 2227) llamadas Green Play, que mezclan algunos kiddies (juegos para niños) con arcades ochenteros y noventeros (la mayoría en buen estado). Aquí las fichas son un pelín más caras ($35 pesos; tejo $120) pero tienen una promoción de $200 pesos de bonus con cada $1000 de carga. 

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En Green Play se respira un ambiente familiar lejos del aire de antro que supieron tener los arcades tiempo atrás. Punto sobre esto: ¿el aire de antro le daba inyección de adrenalina o restaba? ¿La nostalgia opera sobre los recuerdos y los coloca en un lugar mejor del que merecen? ¿El entretenimiento se descremó y hoy todo-es-para-todos? Volvamos.

Entre su oferta hay King of Fighters ’96 & ‘99, Street Fighter II, Marvel vs Capcom, Metal Slug, Sega Rally (con algunos detalles en la conducción), Daytona USA (para jugar en red), Gunblade NY, un metegol, algún pool y muchas, muchas familias depositando a sus pibes en el éxtasis fichinero. Un dato: el de Sarmiento tiene pinballs en perfecto estado de Star Wars, TMNT y Freddy: A Night on Elm Street que es, literalmente, una locura.

El mainstream

En Mar del Plata también vive un clásico de las franquicias fichineras: Sacoa. A vuelo de pájaro, tal vez puede convertirse en un lugar expulsivo para adultos en busca de acción videojugabilística. ¿Por qué? Porque hay muchos kiddies, los precios son más altos que en los antros y los niños monopolizan la mayoría de los juegos.

Sin embargo, en horarios insólitos, el Sacoa de San Martín 2332 deja su espíritu ATP y ofrece oportunidades alucinantes como unos Daytona USA en perfecto estado, unos Time Crisis 4, Mortal Kombat II, Top Skater, 1942, Pac-Man y todo tipo de air tejos. Además, no menor, ofrece una finísima selección de pinballs como Starship Troopers, Last Action Hero, Class of 1812 y algunos más. 

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Para ingresar piden vacunación completa y, amén de estar adaptado para los chicos, sigue siendo uno de esos templos inmarcesibles de los videojuegos en el país. “Un Sacoa común pero con esteroides” escribió un usuario en la reseña de Google. En una visita urgente, puede ser; pero en el detalle, la rompe. De nuevo: la posta es ir en horarios donde los pibes duermen o están en la playa construyendo castillos de arena o chapoteando en el mar.

Un bar con arcades

En sintonía con El Destello y Arcade Social Club, dos bares con arcades de Buenos Aires, Mar del Plata sumó una opción cool que ofrece tragos de autor (con precios relativamente razonables) y la posibilidad de jugar (gratis y… sin límite) a unos arcades. El revival ochentero en su máximo esplendor. El sitio se llama Fichín y queda en Rawson 2019. 

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Aquí hay neón, hay un público ondero y hay un Bubble Bobble, un Mortal Kombat (el primero, qué lindo que es), unos cuatro Daytona USA (en línea) y pinballs de Jurassic Park, Terminator 2 y The Getaway. Hay sánguches, papas, batatas, bombas de falafel, plantitas, detalles pitucos y, fundamentalmente, muy buen ambiente. Porque todo es mejor entre videojuegos.

Otakus marplatenses

Entre carteles de advertencia (“no”, “cuidado”, “prohibido”, etcétera), Ozoranime Animeshop & Asian Food (San Martín 2648 local 59) ofrece una buena selección de mangas, llaveros, pósters (“¡no doblar!”), algunas revistas vintage a precios económicos (Minami y misceláneas desde $100 pesos), figuras (“Tiene cosas raras que no se consiguen”, asegura el experto Matías Mazzagatti, conocido por sus videos paródicos de anime), peluches, mochilas, riñoneras, copias de películas y más. 

Y en la puerta, mirando hacia la entrada de la Galería Las Américas, se yergue un Snorlax de Pokémon gigante (con la leyenda: “No tocar”) que invita a sacarse mil fotos. Clic, sin contacto, al Instagram. Ahora bien, ¿será que el público turístico del anime se pone algo gede y, por eso, se infló la paciencia de los muchachos de Ozoranime? Beneficio de la duda para los responsables de la tienda. Como sea, vale la pena la visita.

Café y juegos de rol

Con las paredes forradas a puros cómics (lindo detalle que más de uno querrá emular), Gallifrey Café, Rol & Comics (Santiago del Estero 2075) ofrece una posibilidad única: beberse un feca y jugar unas partidas de Magic. ¿¡Qué!? Sí, eso es posible gracias a este relajado local que cuenta con un puñado de mesitas prestas para probar juegos de mesa o de cartas y desafiarse con amigos o desconocidos.

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Es habitual ver a jóvenes jugando a las cartas de Pokémon y es excepcional ver a ese EVA 01 Revoltech que dan ganas de mirarlo para siempre. Entre las ofertas, merchandising de Harry Potter (hay gorro, escoba y más), café italiano de Segafredo, mangas, stickers y cómics viejos de Marvel y DC a muy buenos precios (atención: hay cosas raras). Asimismo, de tanto, en tanto, Gallifrey ofrece la posibilidad de participar en el torneo de Weed Monsters, el primer TCG cannábico del país.  

Una de las primeras comiquerías del país

Hace 28 años que todos los días el amable Claudio Herrera abre las puertas de Rayos y Centellas (Av. Luro 2368 local 12), uno de los lugares legendarios de Mar del Plata y enclave fundamental para el desarrollo de la historieta en Argentina. En su vidriera, algunos ejemplares de las revistas Protoculture y Manga Zone que no están a la venta, un busto enorme de Cazador y un tendal de jóvenes que relojean las novedades de las editoriales IVREA y Ovni Press.

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Su dueño, Claudio, conversa con todos sus clientes, les dedica tiempo, responde preguntas y hasta infla su pecho de anécdotas, como la vez que organizó MDQulto, uno de los más grandes eventos comiqueros de la ciudad. Referencia equivalente a Camelot Comics Store de Buenos Aires, Rayos y Centellas comprime la idea de la tienda especializada que abraza al nerd y lo cobija entre páginas de historietas argentinas, europeas, japonesas y norteamericanas. ¿Sus precios? Muy interesantes. ¿Lo más destacable de la ambientación del lugar? Un póster demencial del primer Fantabaires, el evento que fundó la nerdencia moderna en Argentina.

Bowling automático

Con el neón resaltando en la oscuridad, los grupos de amigos se explotan de risa mostrando su destreza en el bowling. Por caso, las cinco canchas del Urqui (Tucumán 2663) se convierten en su principal atractivo, pero al costado, para quienes esperan, hay unos arcades interesantes. ¿Cuáles? Un Virtua Striker, dos Cruis’n World, unos pinball de The Addams Family y Dirty Harry, un air tejo, un pool y un emulador .AME con unos cuantos juegos instalados.

En las paredes, ilustraciones de Johnny Bravo, Los Picapiedras y algunos personajes de cartoons más. Mientras aguardan su turno, los jugadores beben una gaseosa o una cervecita. El clima es ideal, el precio es razonable y las camareras muy simpáticas.

Bowling retro

Mar del Plata ondera: contraseñas para encender lo más nerd, pop y original de tu visita a la ciudad Feliz

Las cinco canchas automáticas del Bowling Pueyrredón (Hipólito Yrigoyen 1561) ofrecen una experiencia única. Pero no por el bowling en sí, sino porque siempre suena fuerte una rocola musical (cumbia, rock, música popular, da igual) y sobrevuela un aire similar a Twin Peaks: hay algo en la madera, algo en el ambiente. Pueyrredón se ensancha con un air tejo, un pinball de Hook y uno de los ambientes más interesantes de la ciudad: adultos en plan salida y familias completas se funden y confunden entre chuzas y bebidas.

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A la sazón, destacándose en el súmmum de experiencias auténticas está el Club Atlético Mar del Plata (Rivadavia 3358), un bowling que aún mantiene la vieja costumbre de los acomodadores de pinos. La línea cuesta $350 pesos y en cada partido se desarrolla un código especial con los acomodadores. Hay chistes, descansos y ayudas, ayuditas, ayudines. Todo parece salido de una película norteamericana de la década del 70. Una propuesta pre-hipster, una vivencia absolutamente original.

Hernán Panessi: periodista especializado en cultura joven y editor de El Planteo. Escribe en Página/12, El Planeta Urbano, InfoTechnology, THC, Rolling Stone, entre otros. Publicó 4 libros, colabora en hellomoto.com.ar y su twitter es @hernanpanessi.