Desde arriba o desde abajo, Salta es un gran destino para visitar todo el año.

La linda, la bella, la pintoresca. La ciudad de las casonas antiguas con balcones con flores e iglesias que datan de más de tres siglos. La ciudad de las empanadas a toda hora y en todo lugar. La ciudad que te recuerda a la Colonia pero que también se llena de novedades, gastronómicas y culturales. Así es Salta.

 

Resulta imposible no visitar el Museo de Arqueología de Alta Montaña, ubicado en un hermoso edificio antiguo frente de la plaza 9 de Julio. Allí se exhiben los Niños del Llullaillaco, uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes de los últimos años. Al pie del cerro San Bernardo, en la inmensidad del paisaje, se encuentra el monumento al máximo héroe gaucho, Martín Miguel de Güemes, y cada 16 de junio se realizan fogones y festejos conmemorativos; los gauchos hacen la vigilia por el aniversario de la muerte del general.

Otra atracción imperdible de la ciudad es el teleférico que asciende, a través de un cablecarril, al cerro San Bernardo, en una travesía que dura 8 minutos, y desde donde se puede obtener una increíble vista del Valle de Lerma. En la cima hay un paseo de artesanos y una confitería.

Entre las iglesias a visitar se encuentra, por supuesto, la Catedral, con su Panteón de las Glorias del Norte, y la de San Francisco, en pleno corazón de la ciudad, parte del recorrido a pie por su Casco Histórico.

Por las noches se viste de folclore y afloran las peñas en espacios modernos donde el baile es el protagonista. Además, para sentir la vibra de la ciudad, es imprescindible visitar el Paseo Balcarce y La Casona del Molino, con músicos en vivo y lo mejor de la gastronomía regional.

Para los espíritus deportivos, Salta cuenta con varias canchas de golf de gran calidad, en un entorno natural de coloridos valles y montañas.

 

Revista Alta Febrero 2018.