En hellomoto nos encanta buscar aquellas historias que se encuentran camufladas en las calles  y que forman parte de la identidad de las ciudades. Desde los barrios futboleros donde el deporte rey se mezcla día a día con la historia, hasta los dominios del trap donde las nuevas generaciones supieron hacer suyas las plazas, escaleras, y centros culturales.  

Hoy es el turno del rock argentino. En muchos lugares, de esos singulares, distintos, únicos, tenías que estar ahí para estar ahí. Esquinas, bares y cafés. Calles, hogares y chalets. Departamentos con jolgorio, respetadas casas de familia. Latitudes que guardan consigo el peso de la historia. 

Conocé en esta nota los rincones de Buenos Aires donde nacieron las principales bandas y referentes del Rock Nacional.

Esquina Soda Stéreo

Durante sus primeros años de vida, los Soda Stéreo ensayaron en la intersección de Victorino de la Plaza y Almirante Sixto Barilari, a pasitos del Estadio Monumental, en el barrio porteño de Belgrano. 

En esa casa se comieron ravioles, se hicieron asados y, lo más importante de todo, se gestó el primer ADN de la banda liderada por Gustavo Cerati.

En 2018, la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires rindió tributo a esa esquina con una placa, cuya inauguración tuvo la presencia de Charly Alberti y Zeta Bosio. Enmarcado en sus blancas paredes, el texto en homenaje reza lo siguiente: “Aquí nació la banda ícono del rock nacional y latinoamericano”. Nada más, ni nada menos.

La casa de Luca Prodan

Un pintoresco caserón de San Telmo, en Adolfo Alsina 451, a metros de Plaza de Mayo, fue la última morada de Luca Prodan, inolvidable líder de Sumo. Allí, el autor de “Mañana en el Abasto” falleció el 22 de diciembre de 1987.

Durante mucho tiempo, el lugar estuvo deshabitado hasta que un grupo de artistas y músicos lo alquilaron y refaccionaron. Desde ese entonces, la casa de Luca Prodan se convirtió en un reconocido bar cultural de la zona. Y la vida volvió a tomar parte de ese espacio mítico.

Es muy común encontrar su puerta garabateada con frases, leyendas y pedazos de canciones de su banda. “¡¡¡LUCA NOT DEAD!!!”, grita un saludo. Y, de alguna manera, con la oportunidad de conocer un pedazo de la la intimidad de uno de los grandes personajes del rock argentino, Luca no murió ni morirá jamás.

Departamento de Charly

Durante unos buenos años, cada peatón que merodeó el Alto Palermo, cada chusma del barrio, cada fan o Peperina con ánimos de conocer a su artista favorito, levantó su cabeza para señalar que ahí, en ese departamento de Av. Coronel Díaz 1905, vivía Charly García.

Paredes escrachadas, teclados revoleados, rebeldía pop: en ese departamento, que fue hogar pero también epicentro de años tormentosos ocurrió magia.

El tiempo –fiel testigo- dejó entrevistas, fotos, composiciones, álbumes fallidos, álbumes definitivos, álbumes eternos, visitas marcianas y un tendal de anécdotas relacionadas al máximo ídolo del rock nacional.

Taller Napolitano Hermanos

Criado entre tuercas, motores y humo, Pappo tuvo un amor paralelo al de su guitarra y ése fue el de su taller mecánico. Fanático de Chevrolet, con una inmaculada coupé Chevy ’71 siempre estacionada en su garaje, Pappo convirtió a su taller en su lugar de encuentro.

Ubicado en Remedios de Escalada al 2300, en el corazón de Villa Mitre, en aquel mítico taller mecánico, que también fue sala de ensayos, se sitúa hoy un anodino supermercado chino.

Ahí, entre el rugir de motores, trapos manchados de grasa y herramientas, Pappo compuso algunas de sus mejores canciones. Ahora no queda ni el mural que alguna vez pintó un admirador, pero Pappo es eterno.

El bonus track infaltable: La Perla del Once

“Estoy muy solo y triste acá en este mundo abandonado”. La historia fue contada una y mil veces, pero acá va una vez más, porque lo contado no le quita lo delicioso: “La Balsa”, himno fundamental del rock argentino, fue compuesta en el baño de La Perla del Once por Tanguito y Lito Nebbia.

Conocida como La Perla, la confitería emplazada en Avenida Rivadavia 2800, en el barrio de Balvanera, frente a la Plaza Miserere, albergó a distintas camadas de artistas. 

Pasó Jorge Luis Borges, pasó Macedonio Fernández. Pasó León Gieco, pasó la historia.

Por estos días, una famosa cadena de pizzerías reemplazó al bar pero –felizmente- no vació su espíritu. “Tengo una idea, es la de irme al lugar que yo más quiera”.

La ciudad es un cúmulo de múltiples facetas, algunas muy visibles, y otras escondidas entre sus callejones. Si te interesan estas historias, podés visitar nuestra sección especial para descubrir las ciudades con nuevos ojos.