El título es estridente y, por motivos más que lógicos, llama la atención: jugar videojuegos mejora el cerebro. Y, muy posiblemente, esta sentencia, dicha algunos años atrás, le daría un surmenage a cualquier madre, padre o tutor. Sin embargo, desde hace tiempo que cada vez más asoman nuevos estudios científicos que evidencian el beneficio de los videojuegos en la actividad neuronal. Y lo mejor de todo esto: no es ni un clickbait ni un “engañapichanga”.

Habilidades para interpretar mapas, más capacidad de atención, mayor rapidez en la toma de decisiones. “En lo que respecta a investigaciones científicas y videojuegos, muchos estudios se han realizado para medir el impacto de los videojuegos en la cognición de los jugadores. Mayormente se ha encontrado que los videojuegos tienen un impacto positivo sobre la atención, el aprendizaje, las habilidades visuoespaciales,  la memoria de trabajo, como también la carga y el control cognitivo”, asegura Alan Longo, psicólogo de Furious Gaming. 

No obstante, para construir sobre esta afirmación, es importante definir el uso que se le da a los videojuegos. En pocas palabras, digamos, ¿por qué razón una persona juega a lo que juega? Entonces, teniendo esa pregunta en cuenta, ¿cuánto tiempo es “mucho tiempo” y, en rigor, qué se considera “uso moderado”? “No es lo mismo el uso para un jugador casual que para un jugador profesional. Por ejemplo, es común encontrar que un jugador profesional tenga jornadas de entre 6 a 10 horas de juego”, desgrana el psicólogo. 

Ahora bien, con respecto al uso casual o eventual, en lugar de proponer un “uso ideal”, la forma de evaluarlo es, según observa el profesional, “cómo el uso de los videojuegos impacta en otras áreas de la vida de la persona que juega”. Si un jugador casual o eventual se encuentra con que jugar videojuegos le afecta negativamente la interacción que tiene con otras personas, sus estudios, su salud física y mental, las horas de sueño o su vida profesional, entonces “ahí sí encontramos un problema con la cantidad de horas que la persona juega”.

Por lo demás, es normal que el rendimiento esté atado a la preparación: por eso, los jugadores profesionales, acostumbrados a los trajines y bemoles de jugar constantemente, posiblemente estén más preparados para la exposición. Aún así, “no es posible definir de manera general una situación en la que el cerebro rinde más”. Longo dixit: “El rendimiento está relacionado a las horas de sueño y al cronotipo del jugador, a la actividad física, a la preparación técnica y teórica, a las estrategias mentales y a la alimentación”.

En ese sentido, los gamers profesionales se ven expuestos a situaciones atípicas que se presentan en la alta competencia. Explica Longo: “Toda competencia expone a los jugadores a lidiar con el estrés, la presión, el manejo de emociones, la motivación y su propia confianza y autoeficacia”.

Así las cosas, la agilidad mental de un jugador profesional puede ser desarrollada y, lógicamente, hay otra cuota de cualidad innata que prevalece. Por lo tanto, como sucede en todos los órdenes humanos, “hay una condicionante genética y otra parte que puede ser desarrollada”. Pero, ¿hay ejercicios para mejorar? ¡Por supuesto!Existen ejercicios para trabajar la atención, el uso de la memoria de trabajo,  las habilidades visuoespaciales y otras habilidades cognitivas. Este tipo de ejercicios pueden ser incluidos en el entrenamiento de deportistas electrónicos”.

Y entre los prejuicios que oscilan en el mundo competitivo (de los e-sports pero, también, de casi cualquier actividad) está la noción de “buena cabeza”. En efecto, no, no sólo no existe la “buena cabeza”, sino que tampoco existe la “mala”. En boca del profesional: “No hay buena o mala cabeza. Ser fuerte o débil mentalmente es un concepto que se extiende mucho y está mal utilizado. Lo que podemos decir es que el jugador puede disponer de más o menos estrategias mentales para hacerle frente a las demandas cognitivas que le requiere la competencia”.

A la sazón, la exposición constante al estrés, a la competencia o, incluso, al factor ocioso puede llegar hasta un tope: basta para mí, basta para todos. Por eso, para escaparle al burnout, la fatiga y los efectos colaterales y, en su reverso, preservar una buena salud mental, es recomendable el uso moderado. “En el caso de los profesionales, esto es un punto que se trabaja con los entrenadores para que los jugadores  tengan una carga de entrenamiento adecuada y ésta no influya negativamente en el rendimiento”, detalla Longo.

Y en sintonía con esa exposición están los niveles de tolerancia a otros momentos culmines que se presentan constantemente: la derrota y la victoria, la frustración y el éxtasis. En tanto, la diferencia en esas instancias -que prevalecen en cualquier proceso deportivo- radica en la cultura del trabajo del equipo y sus profesionales. Y, fundamentalmente, si la cultura de trabajo se apoya en el rendimiento o en el resultado.

“Los equipos que tienen una cultura de trabajo enfocada al rendimiento, son equipos que pueden manejar mucho mejor la frustración y la victoria, ya que saben que son parte de cualquier proceso deportivo y buscan ponerle el foco a las cosas que pueden controlar: su propio rendimiento. En contraparte, los equipos que tienen una cultura orientada al resultado, tienden a manejar muy mal la frustración y la victoria, ya que su único objetivo es ganar y basan cada experiencia en situaciones que no controlan completamente. Es decir, el resultado”, asegura Longo.

Y en esa tensión, la aparición fundamental de los psicólogos deportivos y de los profesionales de la salud que acompañan a los equipos de e-sports. “La psicología deportiva y los videojuegos son mis dos amores. Por esta razón decidí unir ambas pasiones en esta hermosa profesión”, confiesa Longo. ¿Su mayor desafío laboral? “Tener una metodología de trabajo que pueda adaptarse a todos los equipos y jugadores. Cada persona es un mundo y cada equipo, un universo diferente”, concluye el profesional.