Desde siempre, desde antes de antes, los videojuegos vivieron en nuestro país una especie de idilio permanente. Con las primeras ATARI’s que llegaron en bolsos de familiares que viajaban al exterior, pasando por los Family Games importados de China y los SEGA’s que ingresaron en todos los hogares, hasta la popularización actual de las consolas de quinta generación, los fichines combinan una idea de ocio, novedad y pasión.

En la actualidad, la República Argentina cosecha legiones de seguidores (una googleada veloz devuelve millones de teams de e-sports, streams de todo tipo, youtubers que reseñan, hablan y comentan el mundillo), suma musculatura profesional (tenemos expertos, escuelas y publicaciones especializadas) y se posiciona en un lugar privilegiado (si hay visión, hay mano de obra): acá se diseña, acá se estudia, acá se juega. 

Es por eso que hoy en hellomoto te traemos una guía posible con pistas para conocer algunos de los secretos, ventanas y resquicios de la industria nacional del videojuego.

La formación

En la promoción constante de talentos, nuestro país se convirtió en una especie de semillero infinito. Con esa premisa, la Fundación Argentina de Video Juegos (FUNDAV) se erigió como “el” lugar para aprender y desarrollarse en el mundo profesional de los videojuegos. 

Con iniciativas como #ArgTrainJam (en la que más de 40 desarrolladores de videojuegos abordan un tren desde Capital Federal rumbo a Córdoba y, en el camino, desarrollan videojuegos) o #SuperVAC (el videojuego que crearon para la Fundación Huésped y con el que difunden la importancia de las vacunas), FUNDAV se posiciona a la vanguardia de la capacitación. 

El personaje

Durante el último año y medio, Internet se convirtió en una usina infinita de nuevos personajes. Fue la cuarentena, fue el aislamiento social, preventivo y obligatorio. Quedarse en casa fue, cuidarse de la amenaza del COVID-19 y, en momentos de ocio, descubrir diversas plataformas. Primero fue Twitch, más tarde fue Booyah! 

Y en el súmmum de esos descubrimientos está Luquitas Rodríguez, un pibe que arrancó con un podcast sobre cine y unos graciosísimos videos de humor, pasó por el IRL (mete mucho, mucho deportivo; de hecho, es el responsable de la creación de “Ankara”, el “nuevo apodo” de Leo Messi) y, también, se despacha con unos análisis muy interesantes sobre videojuegos, como éste del The Last of Us 2. Luquitas ostenta dinamismo, comedia y un marco referencial cinéfilo para analizar fichines con otros ojos.

Lo anacrónico

“Traé tu PC vieja y vení a jugar los clásicos del cyber: Half-Life: Death March, Counter Strike 1.6, Age of Empires 2, Need for Speed Underground 2 y todo lo que pueda jugarse con 2 gigas de RAM”, dice un posteo en Facebook. Curiosamente, la invitación no está enviada desde el año 2001, 2002 o 2003 (claro, la red social de Mark Zuckenberg se inventó en 2004) ni tampoco desde 2010. De hecho, es 2021 y la mayoría de los jóvenes juegan Fortnite, Herthstone, PUBG o Minecraft. Pero acá, en este Delorean fichinero, la nostalgia toma envión y revive a un muerto: ya no hay cibercafés en los que se pueda jugar videojuegos en LAN.

Gran Zanzibar (San Luis 3177, a 3 cuadras del Abasto Shopping) es un proyecto de ¿cibercafé? que lleva adelante Carlos Andrés Maidana, más conocido como Kabuto, un estudiante de historia y docente de escuela pública de treinta y pocos que ordena este bullicio nerd. Kabuto, que forma parte de la publicación Replay (dedicada exclusivamente a los juegos retro), siempre piensa en la noción de comunidad: acá caés, jugás (mucho, obvio) y despuéeees pagás (poco, mirá vos). 

El tributo

Hubo una época de oro para las salas recreativas: pasó en los ’80, pasó hace mucho tiempo. Sin embargo, el legado cultural de ese momento excede el enquistamiento de los recuerdos. Por eso, los arcades –objetos en extinción y bienes preciados por los coleccionistas- siguen pululando en el imaginario pop. Y, en vistas a reconstruir su historia, un libro recopila diversos trabajos artísticos de salones de videojuegos.

Se trata de Marquesinas: Mi paso por la industria del videojuego, un libro que constituye un vistazo a la iconografía de los arcades nacionales que pasaron por todas las casas de jueguitos céntricas y veraniegas. Un culto al exquisito diseño del pasado, una oportunidad para revivir y perderse en ilustraciones que pertenecen a otro tiempo pero que, en parte, siguen viviendo en el futuro. Puede comprarse acá.

La publicación

En momentos en los que se discuten los grises entre lo físico y lo digital, unos soñadores apostaron por una publicación dedicada al mundo de los videojuegos que mezcla el formato libro con la periodicidad de una revista. Y este híbrido se llama Ludorama, un artefacto cultural que recorre los distintos recovecos de los videojuegos: la historia, su costado educativo, el pasado, sus implicancias sociales, psicológicas, globalizantes.

Ludorama sale una vez por estación (verano, otoño, invierno, primavera) y eso lo convierte en un objeto fetiche, en una gema coleccionable. En sus páginas no hay novedades, ni poses, ni urgencias, ni snobeo: sólo artículos de largo aliento –escritos por investigadores, profesores y expertos de toda América Latina- que revuelven el complejo guiso de una industria en expansión.

Sin embargo, en junio se incorporó Latinpower Mag al catálogo de revistas disponibles sobre la temática videojuegos. Con un número mensual de 144 páginas y tapa dura. Además, con la suscripción accedés también a la edición digital.

El valor agregado de esta revista de Editorial Atlántida, además de gaming y el mundo de los e-sports, es contenido sobre el universo del trap, el freestyle, series y comics. Te podés suscribir ingresando acá

La historia

El Museo de la Informática de la República Argentina tiene el extraño privilegio de ser el único en su especie en la región. Y, a su vez, es uno de los cinco que hay en toda la Tierra. Pesada medalla que se cuelga junto al Computer History Musem de Silicon Valley, al Museo de la Informática de Valencia, al Musée Bolo de Lausanne y al Deutsches Musem de Munich.

Con una exposición que contiene criptógrafos, cámaras y diversos equipos de espionaje utilizados durante la Primera y Segunda Guerra Mundial, así como en la Guerra Fría, el museo de Marcelo T. de Alvear al 740, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, aguarda tieso la llegada de las masas, cuando el contexto lo permita. 

De todas maneras, esto no es un freno para que el museo reabra sus puertas, pero de una manera innovadora: un recorrido virtual. Lo podés hacer gratuitamente y en cualquier momento del día (o la noche), ingresando a este link. Vas a poder “caminar” el museo en su totalidad, con pestañas que amplíen la información de lo que estás viendo.