Agobiado en medio de la jungla de cemento. ¿Sentís que te falta el aire, el cielo o el verde? Tenemos la solución; ubicado en el Museo Larreta, el Jardín Andaluz es una propuesta diferente dentro del ecosistema porteño. Te invitamos a conocerlo de la mano de su cuidador, Antonio Sturla.

 

 

Para pegar un lindo viaje ya no necesitás subirte a un avión. Sino, preguntale al paisajista francés Marceau, quien declaró que el Jardín Andaluz, ubicado en el Museo Larreta (Belgrano), es una cuadrícula geométrica que enmarca un pedazo de selva virgen. “Se trata de la definición más sintética y precisa para describir a un sitio de estas características”, reconoce Antonio, que cumple 29 años a cargo del cuidado de este pequeño oasis porteño. “Es toda una trayectoria y una vida aquí adentro”, admite el profesional, quien ofrece un recorrido virtual del lugar a los lectores de #Hellocities.   

 

 

“Este es un jardín modesto, que no es lo mismo que pobre”, indica Sturla y avisa que el predio posee una superficie aproximada de 5575 metros cuadrados. Algo así como media hectárea, o un poco más. Pese a su austeridad, es bastante considerable en cuanto a su extensión.

 

Con una estética hispano islámica, posee un trazado laberíntico. O según Sturla, ecléctico. Las plantas están contenidas en eras o setos, sectores encerrados entre arrayanes europeos que resisten bien la poda a modo de pared, que pueden ser de distintas superficies, cuadradas o rectangulares.

 

“Tiene un estilo similar al que construyeron los árabes en la edad media, en el sur de España, en la región de Andalucía. La madre de estos jardines se encuentra en Granada”, describe Sturla. “Fueron pensados para dos personas, ‘tú y yo’, especialmente diseñados para una caminata corta, en soledad, acompañado de plantas. En síntesis, esa es la función que cumple”. Los senderos son angostos, así que esa pareja se interna en el laberinto y se pierde para luego encontrarse con rincones tan preciosos como inesperados.

 

Además, el responsable de que todo luzca como debe revela que para intervenir un sitio de estas condiciones hay que leer y asimilar La Carta de Florencia, redactada por el Comité Internacional de Jardines Históricos en 1981. “Sus 25 artículos versan sobre cómo actuar en un jardín de estas características, histórico”, menciona y asegura que hay partes orientadas al mantenimiento, restauración y conservación. “Ya que pertenece a un museo, está considerado un patrimonio histórico. Por eso las tareas están orientadas a poner en valor el sitio”.

 

Para Sturla, propios y extraños quedan sorprendidos ante cada visita. No en vano está considerado como el único exponente de su tipo en Sudamérica, en cuanto a la extensión y estilo. “Es para recorrer, dejarse llevar, estar en íntimo contacto con las plantas. Se establece una comunicación persona-jardín que se manifiesta siempre de manera diferente: varía tanto el sitio como la persona que lo recorre. Lograr esa simbiosis es sumamente placentera para todo aquel que valores un lugar como este”.

 

Cuando recorre  el sitio en soledad, sobre todo a primera hora de la mañana, cuando no hay nadie, ni siquiera ruidos, Sturla plantea que entra en otro estado, de meditación dinámica. “Si bien es difícil de lograrl, el jardín ayuda mucho. Se viven momentos efímeros, pero placenteros”.

 

 

Visitas

Horarios: primer sábado de cada mes a las 15 y 17 hs.

-Actividad gratuita incluida en la entrada al museo ($50).

-Sin inscripción previa. Se suspende por lluvia.

-Ingreso por Juramento 2291

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