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Con la aparición de la fotografía y su posterior masificación a finales del siglo XIX y comienzos del XX, la pintura se liberó de la necesidad de retratar la realidad, ya que había otro medio más “objetivo” para hacerlo.

Las comillas son necesarias porque entre lo retratado y el que se retrata no hay un sujeto, hay un objeto, un cilindro de lentes llamado objetivo y es uno de los guiños de nuestro idioma castellano, ya que en inglés se utiliza “lens” y no podríamos hacer tan necesaria correlación.

Una vez liberada del yugo de la realidad, comenzaron aparecer esas extrañas pero fascinantes obras del impresionismo, cubismo, dadaísmo y otros ismos del siglo XX.

También nuevos materiales, lienzos, texturas, donde los límites entre la escultura y la pintura se desvanecen en la obra.

El arte se transformó por completo en el siglo XX y hoy en los albores del XXI, la Realidad Virtual (VR) y Realidad Aumentada forman parte de una nueva transformación.

Definamos las diferencias: la realidad virtual es un entorno donde se recrean mundos interactivos.  Por ejemplo, entrar en una nave espacial o un edificio.  La realidad aumentada es la inclusión de un elemento virtual dentro de un espacio real, como una calle o unas escaleras  ¿te acordás de Pokemon go? Bueno, eso.

¿Pero cómo estas tecnologías se relacionan con el arte de nuestro tiempo?

Existen fascinantes aplicaciones comenzando con Tilt Brush de Google, una de las pioneras que comenzó en 2016 y hoy ya es referencia indiscutible para los artistas virtuales. La aplicación te permite pintar en un espacio virtual tridimensional, elegir texturas y colores para darle rienda suelta a tu imaginación.

Y el street art no se queda atrás, porque hace poco se presentó Kingspray Grafitti, con una estética bien urbana y joven, donde también podés elegir colores, texturas, y todo para pintar paredes (virtuales, claro)

Con la nueva ola de arte virtual, necesariamente aparecen los lugares para verlos. Aunque “ver” es un término que se queda corto en este contexto. Muchas de las obras son interactivas y necesitan ser transitadas por el espectador para que su experiencia forme parte de la obra.

Por ejemplo, en México abrió el Trick Eye, el primer museo en el mundo que implementa arte 3D y realidad aumentada. Tuvo gran impacto en Corea del Sur, y por ello se llevaron el proyecto a tierras Aztecas donde se puede disfrutar de las obras que cobran vida frente a los ojos de los espectadores que incluso, pueden interactuar con ellas.

Otros museos de largo recorrido histórico como el Tate Modern de Londres,  también abrió un espacio para la realidad virtual, específicamente con las obras de Modigliani. La experiencia interactiva le permite a los espectadores “viajar” a 1919 y visitar el estudio del pintor. ¡Increíble!

Pero hay más. El museo Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid realizó la exposición “Entrar en el cuadro” que, así como suena, se valió de la tecnología para que los visitantes puedan adentrarse en las obras y vivirlas como una experiencia inmersiva.

Por supuesto, en nuestro país, el arte virtual no se queda atrás.  El artista y desarrollador de software Federico Marino creó una instalación inmersiva en el CCK llamada Lumicles, junto a la composición sonora de Esteban González. La idea es adentrarse en un mundo abstracto de “millones de partículas de colores en movimiento que envuelven al usuario en una combinación casi infinita de escenas”

Las posibilidades son infinitas y todavía queda mucho arte por crear. Así que si buscas inspiración, tenemos mucho para que disfrutes en nuestra sección de arte y fotografía.

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