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Su último trabajo solista “Pantera” está cumpliendo un año desde su aparición, a días de su (presentación en la fogata de San Juan en el barrio porteño de la Boca) y de su gira por España, la referente número uno del rap y hip hop desnuda sincera sus pensamientos y reflexiones arriesgándose con la reacción ante sus elocuentes opiniones.

 

Durante fines del 2016 se habló mucho que publicarías tu nuevo trabajo solista, pero al final la decisión fue darlo a conocer a comienzos del año pasado. ¿Qué ocurrió?

No publiqué mi disco en diciembre de 2016, porque iba a salir con el Pan Dulce y la Sidra (risas)… la cuestión era pasar el verano y arrancar el 2017 con material fresco, por eso tenía una manija y una ansiedad durante el verano, onda “yo tengo mi hijo y no está saliendo!” (hace el gesto), de alguna manera fue madurar un poco en algunos aspectos donde antes me manejaba muy presionada por la ansiedad. Ahora en cambio aprendí a controlarla y admitir que pese al apuro deberé esperar cuatro o cinco meses para que algo vea la luz definitivamente. No puedo ocultarlo, tengo mucho embale, antes de salir al escenario siempre me permito entrar en estado de posesión, la gente también, afuera o atrás del escenario se me acerca para hablar y me dice “pero sos buena, buena y frágil!”, entonces les pregunto “¿qué parezco, mala y peligrosa?”, muchas veces el traje de “Miss Bolivia” que me pongo para salir al show en vivo tiene que ver con un empoderamiento que yo busco transmitir y que el mismo se multiplique en esa situación. Busco inspirar a la gente para que se empodere, que se ponga “su traje” para salir al mundo y enfrentar al mundo y esa realidad con mis canciones.

¿Cómo fue que convocaste a Liliana Herrero para realizar la apertura emocional de tu reciente álbum con un mantra sonoro tan chamánico como particular?

Hace dos años tuve una experiencia de salir con un espectáculo colectivo de mujeres que se llamaba “Se trata de nosotras”, habíamos sido convocadas por Lito Vitale, éramos todas artistas ultra transversales, fuimos por el país a hacer conciertos, shows contra la trata de personas y Liliana participaba de estos espectáculos. Ahí la pude conocer, nos hicimos amigas, ella me manifestó su admiración por la música que hago y yo casi me muero por semejante elogio. Yo le decía “pará, acá la fan soy yo!”, le consulté y le dije “me harías el honor de participar en mi nuevo álbum?”, ella sin pensarlo, con su habitual generosidad me dijo que sí, entonces con mi productor Guillermo Beresñak fuimos a su casa con el estudio de grabación móvil y la grabamos ahí en su sala, fue algo grosso. Liliana en una pausa me decía “para mí se planteó un desafío enorme, hija, me estás haciendo rapear!”, canta, pero en un momento se sumó al planteo del bit del hip hop, me gustó realizar esa experiencia porque fue una buena fusión que va más allá de copypaste (copiar y pegar), generando una entidad solvente nueva donde podemos integrar muchas situaciones. Esa canción “Soy” es como un currículum vitae mío, ni más ni menos que eso, una radiografía de mi persona y yo también me siento muy identificada con lo que es y hace ella, porque invirtió los cánones a merced de una amplia gama de fusiones.

Un track que llamó mucho la atención en el álbum es “Cagón”

Es la contracara de la canción “Tomate el palo”, fue como cantar la canción desde otro lado, no es algo que me haya pasado a mí con una persona sino que fueron historias que fui recolectando y armando en estos temas, cosas irresueltas en el amor, algunos temas sobre los cagones en sus relaciones de pareja. Es una canción que podría cantarle un hombre a otro hombre, una mujer a una mujer o una mujer a un hombre, son situaciones que tienen que ver con la dinámica de las relaciones humanas, también con toda esta dinámica sobre monogamia y poligamia que tanto tiñe la realidad, son guiones culturales que hemos mamado sin hacernos preguntas, sobre quién dicta que el amor es de un lado o de otro. Me gusta mucho hacerme la “culebronera”, esta canción es un terreno privilegiado para el culebrón, entonces me decidí a grabarla además porque todos mis amigos futboleros me decían que “esta canción la vamos a cantar en la cancha”, en la letra hablo del mar, algo que tiene que ver con la canción de Ale Sergi, el mar está presente en todo el disco, es un disco que compuse en el mar, la mitad prácticamente. Estoy viviendo en el mar los últimos años, me tomo dos o tres meses al año para irme a instalar a un lugar en México donde tengo a mi gente, ahí me quedo y ahí aparecen las canciones, bajan el material y en ese lugar entiendo que el mar está súper presente en toda la obra.

¿Cómo vivís este crecimiento personal y profesional?

Yo siempre funcioné mucho mejor componiendo estando mal, solo me salen buenos temas cuando estoy triste, entonces fue un desafío muy grande componer estando mucho tiempo feliz, en el plano personal y amoroso, fue un ejercicio muy especial, debí poner mis sentimientos en una cierta cuestión neurótica y me preguntaba “cómo me van a salir buenos temas ahora que soy feliz?, qué bajón” (risas). Lo concreto es que encontré el amor, por lo menos por ahora, por eso ahora la composición me costó bastante más que todo lo anterior, lo que hice fue hablar con amigas guionistas de la televisión o el cine, decirles “me está pasando esto, qué puedo hacer?” y ellas me dieron varios ejercicios que podría decir que se inscriben en la despersonalización, de decir “date la licencia de ser otra persona, por un rato, después cerrar el cuaderno y volver a Paz Ferreira”, porque si no, emocionalmente es algo carísimo, ahora siento que estoy atravesando un buen momento en el plano profesional y también en el personal, en lo afectivo estoy mejor que antes, siempre fui como una persona bastante triste, por decirlo de algún modo, o medio depre, muy descreída del amor..

Pero esas cosas cambiaron súbitamente durante el año pasado o me equivoco.

Sí, en el último tiempo empecé con el amor del público, volví a la familia también, incluso reflexioné sobre aspectos de la maternidad, una temática en la que tenía una posición muy focalizada, en un momento mi madre me dijo “yo te voy a ayudar con mis nietas, que son tus canciones” (risas). Ella me dice “yo no tengo nietas de carne y hueso, tengo nietas que son canciones”. Honestamente aún sigo sin tener esta motivación biológica de parir, aún me sigue sin ocurrir, pero cada vez estoy más cerca de la idea de la adopción, me interesa la idea en un futuro no muy lejano de proponerme la chance de adoptar y compartir con alguien todo lo que yo tengo y puedo dar, sin necesidad de parir. Ojo, también es algo totalmente válido encarar este asunto en aquellas personas que lo quieren hacer, pero también hay toda una exigencia y presión de una cosa cultural con frases como “bueno, ya es hora!”, “solterona!”, “vas a congelar óvulos?”, en realidad tengo más energías de comenzar a completar los papeles para poder adoptar una criatura, para mí es más real y me identifico más con eso, hay muchísimos niños y niñas que están hacinados y abandonados, institucionalizados, confinados a su suerte y destino, por ende me da ganas de compartir mis emociones con alguien así.

¿Te sentís un poco la responsable de que el rap y hip hop femenino hayan crecido con tanta fuerza en el país en los últimos diez años?

Sí, pero no puedo olvidar que el terreno de esta actitud lo abrió el proyecto “Actitud María Marta” acá en Argentina, yo al día de hoy escucho sus canciones, son muchos temas que me inspiraron cuando yo era adolescente, escuchaba eso un montón, también le ponía mucha atención a lo de “Todos Tus Muertos”, de hecho ahora grabé una versión del tema “Gente que no”, pero sí siento algo especial sobre lo que decís. No me puedo agarrar el lugar de pionera o de instalar, porque creo que “en el palo” lo han hecho ellas, pero me siento parte de una escena, tal vez lo mío tuvo una visibilización mayor en estos tiempos, el proyecto, la voz, las cosas que decir, yo me siento orgullosa y de eso también siento cierto compromiso social y cultural , advirtiendo que mis contenidos pueden aportar a ciertas luchas y resistencias también, cosas que los medios mainstreams no comunican, entonces asumo un lugar social en mi rol de comunicadora de algún modo. Pero bueno, no estaría bueno decir que soy yo, pero admito que la siembra es una cosa continua, todo el tiempo es una fase donde se rema e insiste en lo que se procura, porque nadie viene y te pone la varita para que suceda una cuestión mágica. Tampoco viene nadie a ponerte la plata de golpe, es una cuestión de tracción a sangre, también creo que todo tiene que ver con las canciones, que uno genera, podés ser mujer y pararte a rapear, pero si hacés canciones de mierda, tal vez no haya tanta resonancia.

Hay una violencia explícita hacia la mujer muy fuerte en la sociedad, en medio de este contexto sacaste el tema “Paren de matarnos”…

Yo venía hace muchos años pensando en la forma de analizar, algo que en mis tiempos de psicóloga también evaluaba, o investigar sobre este cuadro patológico social que tenemos como comunidad. Sentía que era muy complejo y académico todo. Sentí la necesidad de cortar la bocha con eso y pasarlo a un discurso accesible, muchísimo más universal y representativo. Hace dos años fue el caso de las chicas asesinadas en Ecuador, en esa zona de Montañitas, las dos mujeres mendocinas, seguí ese caso muy detenidamente, también había twiteado la búsqueda cuando ellas desaparecieron. Cuando las encontraron abusadas y muertas me pegó más que nunca, fue una trompada directa al cuerpo, me acuerdo que me puse a llorar y me quedé en cama tres días, me agarró una lumbalgia, no me pude mover, me llevaron al hospital y se dieron cuenta que lo había somatizado al toque, me dijeron “señora, usted se va a reposo”. Hice el reposo que me pidieron pero sentía tanta angustia que esto debía transformarlo en una canción o en algo, o reventaba. Durante esos cuatro días que estuve postrada escribí esta letra y fue una de las primeras veces que empecé a escribir por fuera de lo autobiográfico, aunque eso no me pasó a mí, cada vez que le hacen eso a una mujer, se lo están haciendo a todas.

En aquél momento no tenía contexto o arquitectura de canción hecha y derecha.

Quedó como una letra, una poesía en su momento, en la primera marcha de “Ni una menos” subí esta letra que en ese momento había recitado en la cocina, tuvo una viralización enorme, yo no estaba en el país cuando pasó, pero todos los medios lo replicaron, salió en la tele, en las radios, fue algo que tomó un tono y vida propios, me corrí del supuesto ego de artista y dije “estos contenidos son urgentes, más allá que hable del baile y cosas que hay que hacer, aquí asomó una temática inevitable”. En esta canción no tuve ningún recurso metafórico, fui directo al hueso porque hay lugares de urgencia y no hay tiempo para la poesía. Con el tiempo fui buscándole música a estas palabras y conceptos, no me salía una cumbia o un rap, por eso surgió con el concepto de punk-rock, es mi grano de lucha y resistencia contra este azote y flagelo que estamos recibiendo como comunidad, esta enfermedad, está el femicidio como la cuestión más extrema de la violencia de género, pero también está instalada una dinámica de micromachismos donde hay cosas que se naturalizan y avalan todo el tiempo. Reviso mi forma de expresar porque hay cosas que no son así y pertenecen a un guión cultural que no es mi forma de pensar, tenemos naturalizada esta dinámica de la violencia y el brutal daño a las mujeres. Es momento de tomar conciencia y revisar las propias prácticas, porque hay muchas cosas instaladas en la familia, en la escuela u otros ámbitos, tal vez sea necesario un mea culpa comunitario para revisar lo discursivo, económico lo laboral, todas las esferas de la vida pública y privada donde se reproducen. Por eso busco plantear una canción que aporte a la lucha en estos duros momentos, ni más ni menos que eso.

Gabriel Imparato para Motorola

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