Colores, boas, plumas, banderas LGBT+, coronas, brillos y unos looks tan creativos como glamorosos. Así se vistió el Estadio River Plate con miles de fanáticxs para esperar al único e inigualable: Harry Styles. A sala llena y con un público que no paró de ovacionarlo, este domingo finalizó su gira por Argentina y demostró que no es necesario un show ambicioso o grandilocuente para convertirse en un ídolo pop.

Tras cuatro años de espera, debido a que la pandemia interrumpió su visita en 2020, Harry llegó a nuestro país con su Love On Tour, donde repasó sus tres álbumes solistas, con más foco en su último trabajo Harry’s House. Con una puntualidad admirable, a las 21:02 se apagaron las luces del estadio para que las pantallas se iluminaran con un haz de luces psicodélicas, características de su show. Con un público efervescente que cantó y saltó durante toda la previa, Harry inauguró la noche con Music For a Sushi Restaurant.

Con una energía destacable, una banda que sobrepasó los niveles de talento y un recital de más de hora y media, Harry demostró que tiene todo lo necesario para ponerse a los hombros un gran show. Sin bailarines de por medio ni efectos especiales, logró mantener expectantes y sorpresivos a más de 100.000 personas. En cada oportunidad, aprovechó para demostrar su vínculo fiel con sus fans, generando un ida y vuelta repleto de euforia, lágrimas de emoción y calidez. De hecho, cuando le lanzaron una camiseta de nuestro país, se animó a decir que “no la va a usar en este momento porque esperará a que Argentina salga campeón”. A su vez, interpeló a una de las fans cuyo cartel decía que había estado más de 250 días lejos de casa para poder verlo e invitó a todo el estadio a que disfruten la noche, porque era su show, no el de él.

Styles se mostró constantemente agradecido en cada uno de los momentos íntimos con el público. Es que la ovación estaba sucumbida en la cresta de una ola que no parecía ceder. Sobre todo en canciones icónicas de su repertorio, como Golden, donde el estadio se iluminó de luces blancas por parte de los celulares; o sus hits Watermelon Sugar y As it was, donde la performance de sus bailes tan sensuales como divertidos desprendió el agite inmaculado por sus fans.

Por otro lado, su ya mencionada banda es de una calidez inmejorable. Está compuesta en su mayoría por mujeres, que ocupan roles disruptivos para lo convencional de la música, como él. A su vez, estaban vestidos con un mameluco beige estilo explorador, marcando una igualdad y sincronía en el equipo. Casi todxs son multrinstrumentalistas: una de sus coristas toca la guitarra y algunas intervenciones como panderetas; su bajista también es corista. Mientras que la ovación del estadio se la llevó Sarah Jones, su baterista que, a su vez, también canta y Mitch Rowland que se lució en un sólo impecable con la guitarra eléctrica. Todxs lo acompañaron con una energía que nunca se desniveló, manteniendo intacta la comunicación entre ellxs para dar un show de otro planeta.

Una vez más, Harry Styles vino a nuestro país para hacer vibrar las calles de Nuñez con un pop de calidad. Junto con un público que no prescindió ni escapó de la euforia y que se mantuvo altivo frente a todo su repertorio, no solamente en sus hits. Aquella sonrisa y espíritu célebre para alterar a un público que lo acompaña desde One Direction, fue más que suficiente para dejar sellada la huella de un Harry Styles que no para de afianzar el amor de su público argentino.