En plena pandemia, en esa ebullición de contenidos fatto in casa que resultó la cuarentena, un joven argentino oriundo de Junín sorprendió a todo el mundo con su “parecido” con Brad Pitt. Los medios, deseosos de replicar cualquier contenido más o menos sexy, se hicieron eco de la noticia: pero no, por más fachero que era el pibe de Junín, no se parecía a Brad Pitt ni en el blanco del ojo. Había engañado a todos. ¿Cómo? Con contenido sintético.

Pero vamos de a poco y vamos por partes. Las redes sociales y el furor de las aplicaciones trajeron consigo una encrucijada que todavía se discute: ¿qué mostramos cuando nos mostramos? Cada tanto, aparecen apps que nos invitan a cambiar la tonalidad de las pieles, modificar los fondos, agregarnos tatuajes y aritos. Una nave insólita e instantánea que nos transporta a un mundo recreado, ficticio, de ilusión. 

Esas son las aplicaciones más comunes. Sin embargo, hay otras, de mediana complejidad, que juegan a envejecernos (todos recordarán a FaceApp y ese tsunami de “versiones jovatas” de medio Twitter y Facebook), a ponernos pelo, a quitárnoslo, a cambiarnos de sexo, a llevar esa fantasía a un resquicio aún más profundo: ¿cuántos “yo” entran en una sola aplicación? 

Sin embargo, en los últimos tiempos, aparecieron aplicaciones más avanzadas que permiten reemplazar -ya no “modificar”, sino “reemplazar”, sin más- nuestros rostros por los de, por ejemplo, alguna celebridad de Hollywood, un cantante, o quien queramos. Y ahí llegamos al punto: lo que hizo el joven de Junín y sorprendió a todos se llama deep fake. Y es, en rigor, un contenido sintético: un material producido por computadoras sin intervención de los seres humanos.

¿Qué es el deepfake?

Formalmente, un deepfake (“ultrafalso” en castellano) es una técnica de inteligencia artificial que permite editar videos falsos de personas que aparentemente son reales. ¿Cómo? Utilizando algoritmos de aprendizaje y videos o imágenes ya existentes. ¿El resultado? Un video muy realista, aunque ficticio. La máquina estudia, procesa y, luego, permite su manipulación. 

En el año 2017, en Reddit, que es algo más que un foro y se constituye como una especie de plataforma de inteligencia colectiva “similar” a Taringa! en Argentina, empezaron a aparecer videos de celebridades en videos XXX. Hubo desmentidas, confusión, miedo e implicancias legales. El reemplazo morboso de rostros parecidos por rostros deseados expandió un límite: ¿hasta dónde puede llegar el deep fake?

Hágalo usted mismo

Más acá, el director Martin Scorsese empleó técnicas sintéticas para rejuvenecer a sus actores (Al Pacino, Robert De Niro y Joe Pesci) en lugar de sumar al casting a actores que tengan similitudes físicas y puedan pasar por ellos en las escenas de flashbacks al pasado. Fueron ellos mismos quienes interpretaron a sus versiones más jóvenes y, con el uso de esta tecnología, lograron verse como tales. Misma técnica se utilizó con la actriz Carrie Fisher apareciendo como la Princesa Leia, después de fallecida, en el film Star Wars: Rogue One.

Lo importante: los deep fakes no necesitan máquinas ultra-complejas. Más bien, cualquier computadora y cualquier móvil pueden llegar a hacer este proceso. Incluso, hay aplicaciones que solo requieren que la foto y video sea sacado con la cámara y, enviado a un servidor que procesa la información, devuelve el contenido ya modificado.

En rigor, la inteligencia artificial es la invención de la simulación humana interpretada por una red neuronal artificial. Estos sistemas aprenden y se forman por sí mismos. Y, aunque sorprenda, recién estamos viendo cuál es la punta de este iceberg/cerebro que resuelve por sí mismo. 

El futuro llegó hace rato

Posiblemente, el principal peligro se constituye detrás de la posible manipulación mundial. ¿Qué pasaría si, en una de esas, cualquier persona empezara a falsificar maliciosamente videos de sus rivales y hacerlos “decir” y “hacer” cosas a gusto y piacere? Ni hablar de lo que podría hacer X o Y con cualquier cosa, incluso con tu cara. Bienvenidos los dilemas por la suplantación de identidad. 

A la sazón, ¿qué pasará con la privacidad cuando todo pueda ser reemplazado, sustituido y cambiado? Esta nota parece sacada de un capítulo de Black Mirror, pero forma parte de la realidad. Y nos está mirando de frente en este mismo instante.