En este momento La fundación Proa nos trae al barrio de La Boca a un artista que se hizo conocer en el mundo entero, no sólo por su talento sino por el mensaje que lleva dentro. No te pierdas la oportunidad de conocer de cerca una obra que conjuga como ninguna la inspiración, el arte y la provocación.

 

“Convertí la nada en algo, hacé un dibujo, dejá tu marca. Conectá con otro a través de este espacio de imaginación. Mirá los dibujos de otras personas y compartilo con el mundo. Sé parte de una comunidad creciente para celebrar como la expresión creativa trasciende fronteras externas y restricciones internas. Estamos en este mundo juntos. Nadie puede parar a las ideas, ni al aire, ni al viento.”

No hay mejor presentación para este artista que él mismo. La cita corresponde a la invitación que realizó a nivel global, para que personas de todo el mundo participen de “Moon” , uno de sus miles de proyectos, donde personas de todo el mundo pueden dejar su marca en una luna virtual; pero bien podría ser su carta de presentación a modo de manifiesto. Sí, ya sabemos que un manifiesto ata al artista a una forma de entender el arte, liga su arte a un concepto, pero lo hace sólo en un instante. Así que, para entender por qué lo amamos, hagamos una salvedad primero: esta nota se autodestruirá en cuanto Ai vuelva a cuestionar su arte, cosa que puede estar pasando en este mismo momento.

 

Weiwei es el hijo de Ai Qing (¿o ya a esta altura él es su padre?), el poeta chino que tradujo Verhaeren y fue exiliado de China por oponerse al gobierno de Mao. El gen contestatario se coló en el ADN de Weiwei. Dentro de su carrera hay una constante: cuestionar y denunciar abiertamente algunas políticas del actual gobierno chino. Podría decirse que todo comenzó cuando el artista regresó a Beijing luego de vivir doce años en New York, donde estudió en Parsons School of Design (y también dónde –dato de color- conoció a Ginsberg). En ese momento, Weiwei se apropió de las redes sociales y sus trabajos ganaron gran popularidad en su país natal. Tanto, que fue contratado para asesorar a los arquitectos del estadio Bird´s nest construido para las Olimpíadas. Weiwei notó las pobres condiciones laborales otorgadas para los empleados y las denunció públicamente. Así, atrajo la mirada de las autoridades chinas. A esta denuncia siguieron otras, plasmadas en lo que Weiwei mejor sabe hacer: arte. Entre ellas, las diversas iniciativas en respuesta al trágico terremoto de Sichuan en 2008, que se llevó las vidas de más de 5000 chicos que estaban en sus escuelas. Ai Weiwei investigó y denunció la mala construcción de las escuelas, dejando al descubierto una gestión corrupta. Llevó a cabo su obra «Straight», una instalación realizada con 150 toneladas de barras de acero extraídas de las escuelas devastadas y su proyecto online «Citizen´s investigation», donde con la ayuda de los ciudadanos publicó cada uno de los nombres de las víctimas calladas por el gobierno. Entre la serie de documentales que Ai Weiwei tiene en su haber, «Disturbing the peace» narra el juicio de Tan Zuoren, uno de los principales investigadores del caso Sichuan, quien fue condenado a cinco años de cárcel por “incitar la subversión al poder estatal”.

 

Las consecuencias no se hicieron esperar, no se puede ir por la vida denunciando al gobierno chino públicamente. Su blog fue cerrado y demolieron su estudio de arte (fundado gracias a iniciativas gubernamentales), pero eso sólo fue el comienzo. En 2011 lo llevaron preso a un paradero desconocido por “evasión de impuestos” (larga historia, chusmeen fakecase.com). Durante ese tiempo, el Tate Museum exponía su impresionante obra Sunflower sedes. En la pared exterior del museo se dejaba ver un grafiti gigante: “Liberen a Weiwei”. Al salir de prisión, luego de 81 días, retuvieron su pasaporte ¿Ai Weiwei había sido silenciado? Nah, este tipo es un rockstar (de hecho, lo es: vean el videoclip de su canción “Dumbass” para darse una idea exacta de lo que Weiwei vivió en prisión). Weiwei expuso reproducciones de las condiciones de su confinamiento en distintas ciudades como Venecia, New York, Miami, San Francisco, Berlín. Y sí… contestar es el verbo mejor ejecutado de un contestatario.

Ahora mismo la exposición “Andy Warhol-Ai Weiwei” está siendo llevada a cabo en la National Gallery of Victoria. Allí, una sala revestida con “legos” resalta las frases de los australianos menos calladitos, tales como Julian Assange. Esta exposición también tiene su polémica, OBVIO. Por políticas de la empresa, la compañía Lego no quiso vender a Weiwei las millones de piezas que necesitaba para su obra. Él contestó posteando en Instagram una foto duchampiana, donde se ve el interior de un inodoro cubierto de Legos. Para Weiwei, todo es parte de lo mismo, la maquinaria capitalista es una y Lego no quiere meterse en problemas con ningún gobierno. Dedito del medio arriba para ellos. Weiwei convocó a una colecta mundial colectiva, reunió millones de piezas, y las que no, las compró a una marca alternativa china. Listo. La exposición se inauguró el pasado 11 de diciembre en Melbourne.
Lo amamos porque su obra es genial, colectiva, original, inquietante. Lo amamos por subversivo, por rockstar, por su barba, por su talento. Lo amamos por su entrega a nuestra época, sobre todo por eso.

EL DATO:
Fundación PROA, Av. Don Pedro de Mendoza 1929, hasta el 2 de abril. Se pueden ver más de 30 obras, entre las que se encuentran algunos hitos de su carrera como la instalación «Semillas de girasol»

 

J. Benvegnu y FDH para Motorola